martes, 27 de septiembre de 2011

Experimentación plástica un proceso desde la experiencia de los sentidos



Todo empezó hoy, ayer, hace mucho, 
 en un pueblo que resurge con los primeros  rayos del sol de la mañana,
en donde encontré a una mujer. 
La mujer, madre, de mirada perdida,
de cabellera abundante,  de manos fuertes, 
algunas veces luz y otras sombra.
Adornada por el reflejo de la luna,
engalanada por la noche.


El contexto de la presente investigación se desarrolla en la comunidad de Saraguro, entre la multitud de un domingo de feria y verdes praderas, entre calles empedradas y casas de adobe, entre los reflejos que emanan desde el pecho de las mujeres, portadoras de un emblemático objeto cargado de belleza. El tupu, fruto del esfuerzo de un orfebre, la habilidad, su técnica, moldes, la plata, un lenguaje cifrado en formas que en  su contexto histórico respondieron a una necesidad, quizá con el afán de comunicar un hecho, una situación, historia, el símbolo, la mujer y su carácter de identidad, son algunas de las cualidades que giran en torno al tupu, no son adjetivos de un forma, mas allá de observar un objeto de propiedades funcionales está lo que representa,  lo  que significa. Barthes manifiesta; el significado no es una "cosa"; sino la representación psíquica de la "cosa", es decir un concepto[1].

En primera instancia está el aspecto formal, considerando el peso visual como una estructura cultural que éste objeto ha recibido, con carácter de identidad de un pueblo, identificando sus relaciones mutuas como hechos y denotando cualidades expresivas. Las manifestaciones populares propias de cada comunidad y por supuesto como resultado de la experimentación como sociedad, los ha llevado a crear objetos, los cuales nacen como respuesta a una necesidad básica, alimentarse, protegerse de condiciones adversas, en conclusión satisfacer una necesidad social.
En un segundo momento en la temática de esta investigación está la construcción simbólica, la decodificación geométrica implícita, mi visión como artista, mujer. Este estudio de relaciones, de puntos de cruce, un rizoma que me ha llevado a concatenar  sensibilidad y expresión, en este proceso de encuentros, entre lo profundo y lo superficial, lo superior  e inferior, hombre y mujer, día y noche, me han dado la pauta para comprender que la construcción de mi obra nacerá a partir de elementos sensitivos, apartando por un instante el mundo de los objetos y captar las apariciones sensibles del tupu, su esencia pura, esos caracteres invariables que descubriré en el devenir de este proceso, siendo estos argumentos los  motivos artísticos, portadores de un significado.
La intuición me lleva esbozar mis primeras ideas, mis primeras líneas sinuosas, tímidas, trazos frágiles, que intentan conjugar toda esta descripción iconográfica. Líneas que juegan a conformarse simétricamente guardando con recelo la proporción de estados, situaciones, con miedo de quebrar el orden exterior tratando de fijarme límites, cómo si por sí solos no existieran.
Gris, así he denominado a esta estado inicial, una búsqueda de relaciones con sus efectos exteriores pero que aun carecen de esa forma interior.
Romper el lenguaje cotidiano al que me había encapsulado resultó volver sobre mis pasos, sin borrar lo ya caminado sino trazar una ruta paralela, en ese transitar por camino de dudas, inquietudes, y reflexionar acerca del contexto en que se desenvuelve el concepto del tupu, empecé a observar a la mujer de Saraguro, a la madre, esposa, trabajadora,  a la señora, y en todos esos escenarios había algo en común, un destello de luz plateada, un reflejo de luna. El tupu no sólo es un objeto de utilidad, ni tampoco solo un símbolo portador de jerarquía, belleza, es las dos cosas, es también un concepto que evidencia la construcción como parte de una cultura, de un género.
El tupu y la mujer dos conceptos que no funcionan por separado, el uno existe gracias al otro. En este estudio de relaciones, el género es la forma de decodificar el significado que como sociedad le otorgamos a la diferencia entre los sexos.

Empecé a experimentar con técnicas básicas; lápices, crayones, acrílicos,  a todo ese proceso de composiciones geométricas se acaeció un inesperado tinte figurativo, al incrustar un rostro, en el intento por descubrir la actitud y personalidad de la obra. Ahora, en este estado de la propuesta sigo en la exploración de expresar esa dualidad tratando de fusionar el concepto mujer y la construcción geométrica que he venido desarrollando a partir del tupu. Por un lado composiciones con elementos visibles que evidencian el patrón de donde fue tomado y, por otro la interpretación personal.


[1] Furió, V., 2002. Ideas y formas en la representación pictórica. Edicions de la Universitat de Barcelona.

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