Este escrito es una aproximación al estudio simbólico – formal del tupo, de la comunidad indígena de Saraguro, con la finalidad de explorar las posibilidades creativas y de orden compositivas con su respectiva aplicación en el campo de las artes visuales.
Para entender el contexto geográfico en donde se desenvuelve la investigación, se explican algunos datos histórico-culturales, extraídos en la observación de campo. Antecedentes que han permitido asimilar la magnitud de la propuesta.
Con respecto al planteamiento de la pieza artística la cual parte desde el estudio de la estructura geométrica del tupo, se explica un breve recorrido de los niveles explorados en el proceso creativo, evidenciados a la medida en que se configura este devenir, liberándolo de toda característica figurativa, evocando a los sentidos y a la interpretación personal del artista.
“Las interacciones económicas en Saraguro tienen lugar principalmente en el pueblo; la mayoría de tales intercambios, tanto en términos de mercadería como el comercio, ocurre los domingos, que es el día de la misa y del mercado” (Belote. 2002: 135). Es el domingo cuando fluye este intercambio mercantil, religioso, político y social, no sólo se trata de intercambiar productos entre los habitantes de la urbe central, de la cabecera cantonal y de las comunidades cercanas, sino además se evidencian de forma natural valores simbólicos, en el que el habitante de Saraguro sea este indígena o mestizo forma parte de este dinámico entorno cultural. Es aquí, donde se desarrolla la motivación de la presente investigación, entre la multitud de un domingo de feria y verdes praderas, entre calles empedradas y casas de adobe, entre los reflejos plateados que emanan desde el pecho de las mujeres, portadoras de un emblemático objeto cargado de belleza. Esa mujer de cabellera abundante, de manos fuertes, algunas veces luz y otras sombra, adornada por los rayos de la luna y engalanada por la noche, aquella, que es columna vertebral de la estructura familiar y social pero relegada a la disposición de su compañero y jefe de hogar.
Presentar esta investigación como una realidad en el campo de las artes a veces percibida como indemostrable hace de esta propuesta un reto. En primera instancia, iniciar una búsqueda de conocimientos ancestrales basado en la filosofía andina, para comprender la esencia de un objeto que es nombrado en los escritos e ilustraciones de Guamán Poma de Ayala, “La primer Coia” según datos presentados en el sitio oficial (http://www.kb.dk/permalink/2006/poma/121/es/text/?open=id3085667), en fusión con métodos y técnicas occidentales que permitirán construir en el camino un discurso formal y evidenciar por un lado esa conexión entre el objeto de estudio y las vinculaciones externas, aquí cabe mencionar la pregunta con la que se inició esta investigación, es acaso, la interpretación verdadero conocimiento. A este punto de la exploración existe una respuesta, para interpretar es necesario comprender, el verdadero valor de una obra no sucede del exhaustivo estudio de una “cosa” sino del cruce de relaciones con las necesidades personales como artista.
Este proceso de deconstrucción tanto formal y simbólico para comprender la disposición de la matriz geométrica del tupo, ha permitido liberar esas formas implícitas al parecer cifradas en un código a través de cuadrados, círculos, superposiciones, puntos de unión, rotación, repetición, etc., que al esbozar la estructura invisible, es como si cada línea trazada permitiera sacar a flote ese germen de creación, inspirado en el hombre y la naturaleza en conexión con lo sagrado. Pero, que posibilitó llegar a ese punto de reflexión, primero asumiendo que estas formas implícitas corresponden a un significado sea éste, asignado, atribuido, otorgado o simplemente intuido, y demás por una sencilla razón, más que apropiarse de las formas que comprenden el tupo, se trata de provocar un discurso personal del proceso artístico evocando a la experiencia desde los sentidos y registrando ese conocimiento generado en el devenir creativo y las reflexiones que resulten de las necesidades personales como artista y el producto de la interpretación construyendo unas estructuras propias, liberándola de la representación mimética.
A lo largo de este proceso creativo, comprender que los modelos artísticos no se rigen necesariamente en uno ya preestablecido, si no más son esas configuraciones que se establecen durante la propia comunicación, las que han permitido explorar en distintos niveles la valoración del tupo, partiendo de una estructura geométrica para llegar a la fragmentación, como romper un espejo y ver en cada pedazo roto la posibilidad de desafiar a esas formas, a veces discutibles, otras veces engañosas, casi irreales, en las que ninguna se parece a la que esta a lado, intentando cada pieza ser nueva e independiente de sí misma, tomando un carácter personal, pero unidos a la vez por el origen de donde partieron.
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